Thursday, May 8, 2008

Driving the bus


Conduzco un autobús
de los grandes.
Estoy a cargo de varios.
Antes de partir me aseguro
que todos esten bien sentados, asegurados, cómodos.
La ruta nos llevará por calles nevadas,
cuidades pobladas,
campos verdes,
carreteras llenas.

En el espejo retrovisor
los pasajeros se cansan, se aburren, se frustran.
No los entretengo lo suficiente.
Los obligo a observar demasiado.

Algunos se bajan,
algunos sueñan con los ojos abiertos,
otros miran con los ojos vacíos, sin ver lo que quiero que vean.

Desanimada, desilusionada
miro por todos lados
buscando el hueco
a donde debo meterme.
Me arrepiento de haber salido así
con tantas ganas,
sin haberme preparado para fallar,
dejando que vean mi dejadéz.

Giro el volante
doblo por aquí, por allá,
deseando que se acabe el viaje,
el tanque casi vacío.
Hasta que veo una personita
que me saluda desde lejos.
Me acerco más, y más.
Llego por fín y
es un alma que me necesita.

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